Una aplicación web pensada para lo que un educador necesita registrar cuando está fuera del despacho: una visita, una medicación, una salida — o activar el protocolo de fugas en segundos.
Pensada para registrar en el momento, desde donde estés en el centro o fuera de él.
Trabaja sobre la misma base de datos que el programa de escritorio — nada se duplica.
El protocolo de fugas con llamada directa a 112 siempre a un toque de distancia.
Pantallas simplificadas frente a las del escritorio: menos campos, selectores grandes, pensadas para completarse con el pulgar en menos de un minuto.
Anota lo ocurrido con un menor al momento, sin esperar a volver al ordenador.
Registra visitas, salidas y llamadas con la familia justo cuando ocurren.
Deja constancia de una visita médica en segundos: casa, menor, fecha y detalles.
Consulta qué medicación toca dar a cada menor, semana a semana, desde el móvil.
Consulta y anota movimientos de dinero de cada menor, con buscador rápido.
Protocolo guiado con llamada directa a 112, Director y Centro, y ficha de emergencia para leer al momento.
Consulta centros y especialistas de referencia sin necesidad del ordenador.
Registra la medición de un menor al instante, con aviso si hay alguna anomalía.
Accede a tu agenda personal y a la compartida con tu equipo de trabajo.
Anota una salida o actividad recién terminada, con su valoración.
Consulta el calendario del centro directamente desde el móvil.
Se abre desde el navegador del móvil, como una página web — y se actualiza sola, sin que nadie tenga que hacer nada.
Accede con tu número de teléfono y contraseña — las mismas credenciales que ya usas.
Si trabajas en más de un centro, seleccionas con cuál quieres operar en ese momento.
Un menú con accesos grandes y formularios cortos, pensados para usarse con una mano.
Un teléfono se puede perder o robar. FABULINO Móvil está diseñado para que, aunque eso pase, no haya nada grave que temer.
Desde el móvil no se puede leer, editar ni borrar ningún dato ya existente en la base de datos. Como mucho, se puede completar algo que tú mismo has creado en esa misma operación (por ejemplo, terminar una visita que acabas de empezar). Si algo fuera mal, bastaría con eliminar esos registros nuevos — el resto de la base de datos no se ve afectado en ningún momento.
La app funciona como una pantalla remota: todos los datos y toda la lógica viven en nuestro servidor, nunca en el dispositivo. Si el móvil se pierde o lo roban, no hay ninguna base de datos ni copia de información que se pueda extraer de él, y la conexión con el servidor va siempre cifrada.
En toda la aplicación solo se muestra el nombre y la inicial del apellido (p. ej. "Juan G."), nunca el apellido completo. La única excepción es Fugas, que sí necesita el nombre completo real para poder dárselo a la policía o al 112 — y por eso, para entrar ahí, hace falta volver a identificarse con una segunda contraseña distinta (ver más abajo).
El acceso está configurado para que el navegador del móvil no guarde ni autocomplete usuario ni contraseña: hay que teclearlos cada vez que se entra, y la sesión no queda abierta al cerrar la aplicación.
Desde "Gestión de Accesos a la Web", dirección puede desactivar con un solo clic el acceso móvil de cualquier persona del equipo — el bloqueo es inmediato, sin esperas ni pasos adicionales.
Cada educador/a entra con su propio teléfono y contraseña — no hay usuarios genéricos ni compartidos, así que siempre queda claro quién ha registrado cada dato.
Cuando un menor se ausenta sin autorización, cada minuto cuenta. La pantalla de Fugas del móvil no es un formulario más: es un protocolo guiado para no perder tiempo ni información.
Esta es la única pantalla de toda la aplicación donde aparece el nombre completo de un menor — necesario para poder identificarlo ante la policía o el 112 en una desaparición real. Por eso, antes de entrar, hay que volver a identificarse: no con el usuario del móvil, sino con el usuario y contraseña del programa de escritorio, verificados en el momento contra el servidor. Son credenciales completamente distintas de las del acceso a la app — y tampoco se guardan en el dispositivo.
Además, ninguna de las dos contraseñas se guarda nunca tal cual: se transforman con SHA-256, un algoritmo criptográfico de un solo sentido — la misma familia de cifrado que protege las conexiones HTTPS de la banca online y da integridad a la cadena de bloques de Bitcoin. Genera una huella de 256 bits (más de 10⁷⁷ combinaciones posibles) que no se puede revertir para recuperar la contraseña original: ni siquiera nosotros podemos leerla.
Un programa realizado exclusivamente por y para centros de menores
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